Dinero más barato, créditos más caros

En la última reunión del Consejo de Gobierno de la Unión Europea celebrada hoy en la ciudad de Bratislava (Eslovaquia) Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo redujo el tipo de interés oficial de la zona euro hasta el 0,5%, situándola en el nivel más bajo desde que el Euro existe, además de garantizar liquidez ilimitada a los bancos comerciales hasta, por lo menos, Junio del año 2014. 

Objetivo: estimular la economía de la zona euro. Excusa: el IPC armonizado de la zona euro se sitúo en Abril en el 1,20%; sin embargo, la decisión no solo no va a tener el efecto deseado, sino que puede llegar a ser contraproducente y más dañino de lo que podamos pensar.
Y es que, si echamos un vistazo al precio de los préstamos concedidos en la Zona Euro, nos daremos cuenta de que existe, desde que comenzó la crisis allá por el año 2008, una correlación inversa entre el tipo de interés oficial de la zona euro y el tipo de interés que aplican las entidades financieras a los préstamos. Los bancos reciben unas condiciones excesivamente laxas del BCE que, a su vez, no lo trasladan a la economía productiva.
Resulta curioso, comprobar en el gráfico que, mientras el interés oficial fijado por el BCE iba descendiendo año a año, el interés de los préstamos concedidos en España se ha mantenido estable e, incluso, ha aumentado, evolución que contrasta con el interés aplicado al crédito concedido por las entidades europeas a empresas y familias de la zona euro, que siguen una senda similar al del BCE. Ellos han hecho los deberes y nosotros no. ¿Qué ha fallado?
En primer lugar, los bancos se encuentran en pleno proceso de saneamiento. En este sentido, los asesores financieros no quieren asumir más riesgos que expandan aún más si cabe su apalancamiento; por ello, reciben dinero al 0,5% y lo invierten en deuda pública al 4,5% ó al 5%, obteniendo un beneficio del 4% por cada bono que adquieren. Además, sirve como colateral (garantía) para futuras emisiones de deuda del Banco Central Europeo. Un negocio absolutamente rentable que, además, cuenta con la bendición de los Estados, a los que les permiten colocar su deuda a un precio relativamente razonable.
En segundo lugar, los agentes privados, en concreto las familias y empresas continúan en pleno proceso de desapalancamiento, un proceso tan doloroso como necesario que consiste en aumentar los fondos propios y reducir sus gastos sin poder deshacerse de unos activos que se han vuelto ilíquidos con el comienzo de la crisis. Este sobreendeudamiento hace que las entidades financieras pierdan toda confianza en los prestatarios, lo que implica una reducción del crédito o unos tipos de interés demasiado altos en comparación con lo que sería deseable.
Así, parece meridianamente claro que una nueva reducción de tipos redundará en un crédito más barato para los Gobiernos y las entidades financieras e igual de complicado para las empresas y familias. La brecha entre la economía financiera y la economía real se agranda cuando el Banco Central de turno toma este tipo de decisiones, lo que sienta las bases para la siguiente burbuja. Lo siento, duele decirlo pero, no hay política macroeconómica que valga; necesitamos recuperación microeconómica, a nivel de empresa, y esto solo pasa por reducir deuda y recapitalizar o directamente liquidar la banca quebrada. Cuando esto ocurra, volverá a abrirse el grifo del crédito. Lo demás, meros brindis al sol para ganar tiempo pero que será hambre para mañana.
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